
Diversos usuarios han comenzado a alertar sobre un consumo anómalo y constante tanto de memoria RAM como de CPU en Windows 11, un desgaste de recursos que se mantiene activo incluso cuando el equipo se encuentra en absoluto reposo. La hipótesis principal que circula en los foros técnicos apunta a la ejecución de procesos de inteligencia artificial no documentados operando en segundo plano, un problema que castiga con especial dureza a aquellos ordenadores que carecen de una NPU (Unidad de Procesamiento Neuronal) dedicada para gestionar estas cargas de trabajo.
Es innegable que el sistema operativo de Microsoft ya integra herramientas basadas en IA totalmente públicas y controlables por el usuario, como es el caso de Copilot, la búsqueda semántica integrada en el explorador o los efectos de cámara de Windows Studio. Sin embargo, la inquietud actual radica en la supuesta existencia de subprocesos invisibles que no se pueden desactivar desde los menús de configuración tradicionales. «No podemos atribuir cada pico de consumo a la inteligencia artificial sin un análisis exhaustivo del sistema, pero la falta de transparencia corporativa sobre lo que ocurre bajo el capó alimenta inevitablemente la especulación», comentan diversos analistas frente al absoluto silencio de la compañía de Redmond, que aún no ha emitido ninguna postura oficial al respecto.
–La cacería de procesos y las medidas de contención del usuario
Ante la falta de confirmación técnica, la comunidad ha optado por auditar sus propios sistemas a través del Administrador de tareas. El desafío radica en identificar servicios que mantengan una actividad febril sin tener aplicaciones abiertas, diferenciándolos de las tareas de mantenimiento habituales del sistema operativo. Procesos como la indexación de Windows Search o la telemetría llevan años operando en segundo plano y generan un consumo que es fácil confundir con esta supuesta nueva carga neuronal. Por ello, la recomendación principal es investigar la ruta del archivo de cualquier servicio sospechoso antes de forzar su detención y arriesgar la estabilidad del equipo.
Mientras el misterio se resuelve, la mejor línea de defensa para recuperar la fluidez del ordenador pasa por aplicar restricciones estrictas de privacidad y energía. Desde la configuración del sistema, limitar el envío de datos de diagnóstico reduce drásticamente el tráfico de telemetría constante, uno de los mayores vampiros de recursos en Windows. Asimismo, auditar los permisos de las aplicaciones en segundo plano y ajustar los perfiles de energía para priorizar el rendimiento bruto en los portátiles puede mitigar el impacto de esta lentitud generalizada. No obstante, hasta que Microsoft no publique un listado transparente de sus procesos internos o libere un parche correctivo, todo este escenario continuará siendo una zona gris donde el rendimiento del PC queda a merced de lo desconocido.