Linux ya no es un sistema secundario para jugar, el auge imparable en Steam destapa cuáles son las únicas distribuciones que realmente dan la talla en el gaming actual

Durante años, Linux fue una nota al pie dentro del ecosistema del gaming en PC. Un sistema respetado por desarrolladores y entusiastas, pero prácticamente invisible en las estadísticas de plataformas masivas como Steam. Ese escenario ha empezado a cambiar de forma sostenida. Aunque el porcentaje de usuarios de Steam que utilizan Linux todavía puede parecer modesto, ya ha superado el 2 % y lo ha hecho con una tendencia claramente ascendente. No es un salto anecdótico: es el resultado directo de una estrategia que ha puesto al sistema operativo libre en el centro del hardware de consumo.

La Steam Deck ha sido el gran catalizador de este cambio. La consola portátil de Valve utiliza SteamOS, un sistema basado en Arch Linux que ha logrado algo que durante décadas parecía imposible: ofrecer una experiencia de juego en Linux que no exige conocimientos técnicos, ni configuraciones complejas, ni concesiones evidentes en rendimiento. Para millones de usuarios, Linux ha dejado de ser una elección consciente para convertirse, simplemente, en el sistema que viene de fábrica.

-SteamOS y el efecto Valve: cuando Linux se vuelve invisible para el usuario

El mayor acierto de SteamOS no está en su base técnica, sino en cómo la oculta. Valve ha entendido que el éxito no pasa por convencer al usuario de que use Linux, sino por evitar que tenga que pensar en ello. En una Steam Deck, el sistema operativo está completamente integrado en la experiencia: encender, descargar juegos y jugar. Nada más.

Esta aproximación ha cambiado la percepción de Linux dentro del gaming. Ya no se trata de un sistema alternativo o experimental, sino de una plataforma funcional, optimizada y diseñada desde cero para ejecutar videojuegos modernos. Y aunque SteamOS es una pieza clave, no es la única responsable de este crecimiento. El ecosistema Linux para jugar se ha diversificado hasta el punto de ofrecer opciones viables para casi cualquier tipo de usuario.

-Distribuciones pensadas para jugar sin complicaciones

Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es la aparición de distribuciones de Linux que asumen el gaming como una prioridad desde el primer arranque. Estas versiones no obligan al usuario a construir su entorno paso a paso, sino que llegan preparadas para ejecutar juegos con un mínimo esfuerzo inicial.

Bazzite es un ejemplo claro de esta nueva generación. Basada en Fedora, está pensada para funcionar tanto en PCs tradicionales como en dispositivos tipo consola. Su diseño permite incluso reutilizar una misma unidad de almacenamiento entre diferentes equipos, algo impensable hace apenas unos años. Además, sus requisitos de hardware son contenidos y están alineados con estándares modernos como Vulkan, la API gráfica que ha sido clave para cerrar la brecha de rendimiento entre Linux y Windows.

Para quienes provienen del ecosistema Ubuntu y buscan una transición aún más suave, Linux Mint se ha convertido en una opción especialmente atractiva. Su enfoque prioriza la estabilidad, la facilidad de uso y una curva de aprendizaje prácticamente inexistente, sin renunciar a un soporte sólido para juegos y plataformas como Steam o Lutris.

Pop!_OS representa otro punto de entrada interesante. Basada también en Ubuntu, esta distribución ha sabido posicionarse como una opción moderna y orientada al rendimiento, integrando de forma elegante herramientas de juego y bibliotecas que permiten acceder a títulos de múltiples plataformas sin penalizar la fluidez del sistema.

-¿Cuándo Linux se convierte en una plataforma de juego avanzada?

Para usuarios con más experiencia, el panorama se amplía todavía más. Existen distribuciones que no solo permiten jugar, sino que ofrecen un control casi quirúrgico sobre cada aspecto del sistema. Nobara Linux es uno de los casos más representativos. Basada en Fedora y desarrollada por el creador de Proton-GE, esta distribución incorpora de serie herramientas clave para ejecutar juegos de Windows, realizar streaming o ajustar codecs y bibliotecas sin recurrir a configuraciones externas.

Garuda Linux, por su parte, lleva esta filosofía al extremo dentro del universo Arch. Con ediciones específicamente diseñadas para gaming, apuesta por un sistema visualmente impactante y altamente optimizado, pensado para usuarios que quieren exprimir cada fotograma y no temen profundizar en los ajustes del sistema.

-Jugar en Linux ya no es una rareza

La idea de que Linux no es apto para videojuegos ha quedado obsoleta. Gracias a tecnologías como Proton, Vulkan y el respaldo directo de Valve, hoy es posible ejecutar una enorme cantidad de títulos originalmente diseñados para Windows sin diferencias perceptibles en rendimiento. En muchos casos, el usuario ni siquiera es consciente de que está utilizando una capa de compatibilidad.

La verdadera elección ya no pasa por si Linux es válido para jugar, sino por qué tipo de experiencia busca cada jugador. Desde sistemas cerrados y listos para usar hasta entornos altamente personalizables, Linux ofrece hoy una diversidad que pocos sistemas operativos pueden igualar.

El crecimiento de Linux en Steam no es un fenómeno puntual. Es la consecuencia lógica de un ecosistema que, por primera vez, ha logrado combinar libertad, rendimiento y accesibilidad. Y todo indica que este porcentaje, hoy todavía modesto, seguirá creciendo a medida que más jugadores descubran que jugar en Linux ya no implica renunciar a nada.