Linux crece mientras Windows retrocede: por qué el kernel no depende de una sola persona

El avance de Linux en los últimos años no es una casualidad ni un fenómeno aislado. Su adopción ha crecido de forma sostenida, impulsada por una combinación de factores técnicos, económicos y estratégicos. Entre ellos, destaca una decisión clave de Microsoft: el final del soporte de Windows 10. Ese movimiento, que dejó a millones de equipos fuera del ciclo oficial de actualizaciones, empujó a muchos usuarios —domésticos, profesionales y corporativos— a explorar alternativas que hasta hace poco parecían marginales.

En ese contexto de expansión, una pregunta comenzó a circular con más fuerza dentro de la comunidad técnica: ¿qué ocurriría si el repositorio principal del kernel de Linux, gestionado históricamente por Linus Torvalds, dejara de estar disponible? Lejos de ser una especulación alarmista, la cuestión fue abordada de forma directa y formal en documentos recientes sobre la continuidad del proyecto.

-El kernel de Linux frente a un escenario impensado

La inquietud tomó forma tras la Cumbre de Mantenedores de Linux 2025, un encuentro clave en el que desarrolladores y responsables del proyecto debatieron no solo el estado actual del kernel, sino también su resiliencia a largo plazo. A raíz de esas conversaciones, el analista y editor Michael Larabel publicó un informe aclarando que el proyecto Linux no depende de un único repositorio ni de una sola figura central para sobrevivir.

La conclusión es clara: incluso en el escenario extremo de que el repositorio oficial torvalds/linux.git desapareciera o quedara inaccesible, el desarrollo del kernel no se detendría. El motivo es simple, aunque no evidente para quienes observan Linux desde fuera: su estructura es radicalmente distribuida.

-Un desarrollo distribuido por diseño, no por accidente

El documento de continuidad fue redactado por el ingeniero Dan Williams, una figura con largo recorrido dentro del ecosistema Linux. En él se explica que el kernel cuenta actualmente con más de un centenar de mantenedores activos, cada uno responsable de subsistemas específicos. Estos desarrolladores trabajan desde repositorios independientes, donde los cambios se revisan, prueban y consolidan antes de llegar al árbol principal.

Linus Torvalds sigue siendo quien tradicionalmente integra esos cambios finales, pero no es un rol imposible de sustituir. De hecho, ya ocurrió. Durante el desarrollo de Linux 4.19 en 2018, Torvalds se apartó temporalmente del proceso, y el proyecto continuó sin interrupciones significativas.

Como señala el propio documento:

“El flujo de desarrollo del kernel está diseñado para sobrevivir a la pérdida de cualquier nodo individual, incluido el repositorio principal”.

-¿Y si nadie pudiera asumir ese rol?

El plan de continuidad también contempla un escenario aún más extremo: que los actuales responsables del repositorio principal no puedan o no quieran continuar con esa tarea en el futuro. En ese caso, la comunidad no partiría de cero. El proyecto cuenta con mecanismos internos para identificar sustitutos cualificados en plazos muy cortos, apoyándose en la experiencia acumulada y en procesos ya documentados.

Para reforzar esta estrategia, se ha previsto una reunión formal, organizada por la dirección del proyecto, en la que se evaluarán distintas opciones para la gestión futura del repositorio principal del kernel. El objetivo no es reaccionar ante una crisis inmediata, sino anticiparse a cualquier eventualidad que pueda comprometer la continuidad del desarrollo.

Un representante del proyecto se ha comprometido a comunicar públicamente las conclusiones y los próximos pasos en un plazo aproximado de dos semanas, reforzando así la transparencia hacia la comunidad.

-El papel de la Fundación Linux y el futuro del proyecto

La Fundación Linux jugará un rol central en la implementación y respaldo de este plan. Aunque desde la organización insisten en que esperan no tener que activar nunca estos mecanismos de emergencia, consideran esencial que existan y estén documentados.

En palabras de uno de los responsables del ecosistema Linux, citadas durante las discusiones internas:

“El éxito de Linux no radica en una persona, sino en un modelo de colaboración que ha demostrado ser más fuerte que cualquier estructura centralizada”.

En un momento en el que Linux gana terreno frente a sistemas propietarios y se consolida como infraestructura crítica para servidores, nubes, dispositivos embebidos y supercomputación, este tipo de planificación no solo es prudente: es una señal de madurez.