
Al estrenar un equipo con Windows 11, resulta esencial tomar el control desde el primer momento y aplicar una serie de configuraciones clave que garantizarán un funcionamiento más ágil, seguro y eficiente. Estas acciones no solo previenen posibles problemas de rendimiento, sino que además optimizan el uso de los recursos del sistema desde el inicio.
Entre los ajustes más recomendados se encuentran la activación del Sensor de almacenamiento, la gestión de las aplicaciones que se ejecutan en el arranque y la configuración adecuada de Windows Defender. Adoptar estas medidas iniciales contribuye a mantener un ordenador limpio, veloz y protegido, lo que se traduce en una mejor experiencia de uso y en un mayor aprovechamiento del nuevo entorno digital.
-Sensor de almacenamiento: mantener el disco libre de archivos innecesarios
Una de las configuraciones más importantes que conviene habilitar desde el principio es el Sensor de almacenamiento, una herramienta integrada de forma nativa en Windows 11 que se encarga de eliminar automáticamente archivos temporales y de depurar documentos locales sin valor, incluidos aquellos vinculados a servicios en la nube.
Al activarlo, el sistema asegura que el disco duro no se vea saturado con lo que podría considerarse «basura digital», manteniendo siempre un espacio disponible óptimo para el correcto rendimiento del equipo.
Para habilitar esta función, basta con acceder a Configuración (atajo rápido con Win + I), dirigirse al apartado Sistema en la columna izquierda y seleccionar la opción Almacenamiento. Dentro de esta sección aparece de forma visible el acceso al Sensor de almacenamiento, desde donde es posible definir cómo y con qué frecuencia se ejecutará la limpieza.
La configuración más equilibrada suele ser establecer la ejecución automática de manera semanal, borrar los elementos de la Papelera de reciclaje con más de 30 días de antigüedad y eliminar de forma automática los archivos de la carpeta de Descargas que nunca hayan sido abiertos. De esta forma, el sistema se mantiene libre de acumulaciones innecesarias sin que el usuario deba intervenir constantemente.
-Aplicaciones de inicio: evitar la ralentización del sistema
Con el paso del tiempo, es habitual que los programas instalados en el ordenador se configuren por defecto para ejecutarse junto con el arranque de Windows. Este comportamiento puede derivar en un listado considerable de aplicaciones activas desde el inicio, muchas de ellas innecesarias, lo que ralentiza tanto el encendido del PC como la carga de la sesión.
La buena noticia es que Windows 11 ofrece un control sencillo para desactivar estas ejecuciones automáticas. El procedimiento consiste en acceder al Administrador de tareas (atajo Ctrl + Shift + Esc) y dirigirse a la sección Aplicaciones de inicio, disponible en la barra lateral izquierda.
Allí se muestra el listado completo de programas configurados para iniciarse con el sistema. El usuario solo debe seleccionar aquellos que no considera esenciales y deshabilitarlos con un simple clic derecho y la opción Deshabilitar. Con esta acción se logra reducir la carga inicial de Windows, lo que se traduce en un arranque más rápido y un consumo menor de recursos desde el encendido.
-Windows Defender: protección nativa y confiable
Otra configuración imprescindible es la relacionada con Windows Defender, también conocido como Seguridad de Windows, el antivirus integrado de forma predeterminada en el sistema operativo. Este programa se encuentra activo desde la instalación inicial y ofrece protección en tiempo real contra diferentes tipos de amenazas digitales, como virus, malware, adware o ransomware.
De acuerdo con pruebas de laboratorios independientes como AV-TEST, Windows Defender es capaz de bloquear más del 99,8 % de los ataques conocidos desde el primer día, lo que lo convierte en una herramienta de gran fiabilidad para el usuario promedio.
Acceder a su panel de control es tan sencillo como escribir su nombre en la barra de búsqueda de la barra de tareas y seleccionar la aplicación correspondiente. Desde su interfaz, se pueden configurar análisis programados, activar el monitoreo en tiempo real, gestionar las actualizaciones de seguridad y establecer la cuarentena automática de elementos sospechosos. Mantener este sistema activo y correctamente configurado asegura una sólida barrera de protección, convirtiéndose en un componente esencial para preservar la seguridad del ordenador y de los datos personales desde el primer uso.